EL NENE NO ME ESTUDIA
 
Ayudarlos a organizarse y que entiendan que las medidas que se toman son consecuencias de sus actos y no penitencias, son algunas de las claves para acompañarlos en la rutina escolar.
 

Llega diciembre y con el la Navidad, el año nuevo por venir, días de corridas, negocios atestados. Tiempo antes, el momento tan temido por los hijos, pero sobretodo por los padres: mesas de exámenes en los colegios, a rendir en 13 días aproximadamente lo que no se hizo en 190 días de clase.En tiempo de soluciones mágicas se acrecienta en los más jóvenes la creencia de que “de alguna manera voy a aprobar con sabias estrategias y un toque de suerte lo que durante todo el año ni siquiera intenté estudiar”.Son tiempos de resultados, por lo que los procesos y la espera forman parte de una cultura que cuesta sostener en nuestros jóvenes.

En los últimos diez años he observado como muchos púberes y adolescentes entran en un circuito cada vez más especulativo respecto de la administración de sus tiempos de estudio y horas-reloj dedicadas al colegio.Lo llamativo es que disponen efectivamente de 4 o más horas en los casos de doble jornada para tener, al menos su cuerpo en la institución escolar.

Pero su mente no está allí.

Aparatos electrónicos, teléfonos, o simplemente dormir son las conexiones frecuentes de los chicos con el colegio y el aprendizaje, ellos se reservan el derecho de admisión del conocimiento.Parecen decidir, dicen elegir, yo creo que no lo hacen. Una tía decía: “¿Preferís estudiar con estufas o con ventiladores perdiéndote la pileta donde van todos tus amigos?”

El nuevo método de estudio: “Me lo pasaron por WhatsApp”

Es la modorra la marca de nuestros tiempos, la ausencia de pasión, la necesidad de que todo se resuelva rápido y casi mágicamente.La inmediatez, ¡el llame ya!, tiempos de chasquear dedos y abracadabra…pero la magía podemos reservarla para la saga de Harry Potter.

Suelo prestarles a mis pacientes libros de la biblioteca para que ejerciten el hábito de leer. Lo primero que hacen cuando se los doy no es mirar la solapa, o contratapa, a ver de qué va esto. Miran la cantidad de páginas.

-¡¡¿¿230 páginas??!!

- Ni pienses que lo voy a leer, es un montón.

¿Para qué perder horas de tiempo leyendo cantidades de letras si podemos resolverlo desde un resumen en el sitio "El club de la apatía" o, simplemente, esperar que algún alumno/a aplicado pase el material de su carpeta en una foto por WhatsApp?

La teoría de la colmena aplicada a nuevas técnicas de estudio, toda una revolución.

Pero repito: las soluciones mágicas no funcionan. Suele pasar que si no aprehendieron el proceso, la comida ya masticada no nutre, porque los nutrientes se perdieron en la trabajosa tarea de procesar el alimento.

Lo mismo pasa con el conocimiento, aunque podemos cuestionar claro está, si los contenidos de las currículas están acordes a los intereses de los jóvenes (creería que no), pero eso es tema de otra reflexión.

Hoy los hijos disponen de mucha menos energía para las tareas escolares de la que deberían. Al mismo tiempo, el umbral de frustración es mucho más bajo del esperable.El umbral de frustración es la capacidad de soportar que las cosas no salgan como esperamos. Tener un techo más alto, permite una mayor capacidad de intentar una y otra vez sin sentir que el mundo cae sobre nuestras cabezas.

De los padres, manejar las emociones sin morir en el intento

En la vorágine diaria, los adultos a menudo “auditan” desde la mejor de las intenciones (no lo dudo) el rendimiento escolar de sus hijos a través de las herramientas informáticas que muchas veces los colegios proporcionan.A su vez, esperan y depositan (a mi criterio profesional y personal), mucha más energía de la que debieran en las notas en sí mismas más que en tratar de entender los motivos que llevan a sus hijos a estar de la manera en la que se encuentran.

Esto es, sentarse, no en el mes de noviembre, con 9 materias ya prontas a rendir, sino en el mes de abril o mayo a tratar de entender los motivos por los cuales la actividad escolar es seteada en “modo avión”, o sea, sin conectividad.

Digo siempre: la voracidad de los padres provoca la inapetencia de los hijos. Si ponemos demasiadas expectativas, a veces sucede lo contrario a lo que esperamos. Si los padres deseamos en demasía nos apropiamos del interés de nuestros hijos. Intervengo sin dudar con los padres en los grupos de reflexión cuando utilizan expresiones del estilo de: “mi hijo no me come”, “nos trajo una baja calificación”, "se separa de su novio, ¿por qué me hace esto?”.

La tendencia a autorreferenciar las conductas de los hijos dificultan, una vez más, la posibilidad de separarlos de nosotros como seres diferenciados que son. Y muchas veces se pone en marcha la profecía auto cumplida. Desde un plano inconsciente la frase podría ser "¿Querés que te traiga malas notas, creés que son para vos? Acá tenés, ¡montones de notas espantosas así explotás de bronca!" Si esto pudiera ser verbalizado por los jóvenes los fracasos no serían tantos, pero lamentablemente a veces la claridad se presenta unos minutos más tarde de lo que quisiéramos. Estas situaciones tienen impacto directo sobre la construcción de la autoestima. Esto es sencillamente la propia valoración respecto de uno mismo. Digo siempre, y esto como buena noticia, los tiempos cambiaron, la esencia sigue siendo la misma.

Frente a hechos consumados, materias varias ya desaprobadas, los profesores esperan, la mesa de exámenes está servida, veamos herramientas para padres. Es menester darles a nuestros hijos:

-Capacidad de autonomía: cuanto más pequeños son, mayor valor y peso tiene la palabra de los padres alentando o desalentando su accionar. Si es antes mejor pero también “más vale tarde que nunca”. Debemos ayudar a que, cuando sea posible, ganen en responsabilidad y capacidad de gestión. El desafío está en acompañar sin avasallar.Son ellos los que tiene que estudiar, no podemos ser muletas, podemos y debemos ser torres de control del aeropuerto, despegan y allí estamos si lo necesitan. Gestionemos para ellos profesores de apoyo, tutores que los ayuden a organizarse, nosotros mismos si el vínculo y nuestro saber lo permite, ayudarlos con alguna tarea. No podemos ni debemos hacer por ellos, ponernos en su silla y que, como a menudo pasa, los padres estudian mientras los hijos de manera pasiva recepcionan lo que les damos. El viejo proverbio oriental lo dice claro: “No les demos el pescado, enseñémosle el arte de pescar”.

-Capacidad de organizarse: Construir junto a ellos herramientas que les provean de un esqueleto del que carecen para administrar su tiempo. Suelen los jóvenes subestimar y no ponderar la cantidad de horas que les demandará preparar las tareas para el estudio. “En un toque lo hago”, dicen. Y en un toque sólo hacen lo que un instante permite, nada, o casi nada. Una simple cuadrilla doble entrada con días y horas y materias a distribuir en las dos variables, (controlados por nosotros) servirá de inicio. Obviamente, el resto depende de ellos.

-Que las medidas que implementamos sean consecuencias de sus actos y no penitencias ni sanciones: Si no estudian porque pasan horas y horas frente a los monitores, son ellos los que se privarán porque le dieron demasiado tiempo de uso durante el año. Nosotros como adultos solo administramos lo que ellos no pueden (de igual manera que cuando eran chicos les sacábamos las bolsas de golosinas para que no se empachen). En relación a las salidas en épocas de examen, aplicaremos el mismo criterio. Tendrán recreación dentro y fuera de casa a conciencia de lo que pueden en función de las exigencias postergadas durante todo el año. Las vacaciones son descanso de lo trabajado, no adelanto de lo por hacer, y comienzan cuando se finaliza el deber pendiente, esto es, las materias por rendir. No como castigo, insisto, sino como consecuencia. Si estamos convencidos de esto podremos sostener los límites, sin culpa y sin una tensión y confrontación extrema con nuestros hijos. Recuerdo: la relación padres-hijos es asimétrica, no somos amigos, no somos pares, somos padres, ni más, ni menos.

-Moderar y regular la presión: Muchas veces la exigencia materno/paterna se convierte en un boomerang complicado de manejar para los chicos. Tenemos que estar, dándoles aire, sin que hiperventilen. El equilibrio es la clave. Nos necesitan de referencia. Una muchachita de 16 años (con 8 materias por rendir) hasta hace muy poco en “estado de rebeldía” decía en el consultorio, en una entrevista con su madre presente: “A mí me hace bien que me recuerdes que tengo que estudiar, aunque me enoje con vos”. Toda una confesión. Tenemos la tarea de ser los capitanes hasta tanto ellos puedan tomar el timón de sus vidas. El capitán no hace todo: distribuye tareas, funciones y delega, el difícil arte de delegar. Dejemos que encuentren sus límites en el marco de lo “no riesgoso”: es preferible que tengan chichones de pequeños, y no fracturas expuestas de grandes. Si nos corremos desde la impotencia, la sensación de nuestros hijos es la de un barco a la deriva, y ellos son, justamente, la nave sin dirección.Tengamos en cuenta que el colegio organiza la vida de los chicos, soltar el colegio para un adolescente es caminar en una habitación desconocida a oscuras. Por eso la finalización del ciclo secundario es punto de inflexión en el fenómeno de lo NINI (los jóvenes que ni estudian ni trabajan). Nos necesitan, aunque disimulen, no tengamos la menor de las dudas. Se trata de cómo mirarlos. Y digo:

Nuestra mirada puede ser...

Un trampolín para que salteny lleguen lo más alto que puedan llegar

Superficie aceitosa donde resbalencaigan y vuelvan a intentar

Si nuestra mirada habilita otro intento

si la de ellos percibe que estamos acompañando yguiando

no como muletas, ni como ascensores

Los escalones, al subir se quiebran

Podemos ser martillo, tenazamano que ayuda

Por mirarnos demasiadopueden tropezar

Ayudarlos, alentarlos a que levanten ellos su mirada

y vean por sus propios ojos es menester…

 

FUENTE: http://www.clarin.com/buena-vida/psico/estudia-herramientas-padres-tiempos-examenes_0_1477652493.html