Quebralo
 

"Yo solo hubiera querido que mis padres pudieran estar orgullosos de mí, pero ellos querían una profesional exitosa y mi vida fue por otro lado" (34 años, confesiones en sesión)

Somos arquitectos de la personalidad de nuestros hijos, en una rara combinación desde donde construimos pero ellos hacen con estructuras y ladrillos sus propias reformas y reciclados. Es maravilloso el proceso, pero debemos ser cuidadosos. Podemos edificar, o colaborar en ello, para que sucedan grandes historias de vida o grandes traumas. Los padres proyectamos nuestras vivencias, deseos y frustraciones sobre nuestros hijos, es inevitable imaginar un futuro para ellos en función de nuestras historias de vida.

Sin embargo, no debemos nunca perder la perspectiva de la singularidad y de la esencia del individuo, el ser único y libre. Cuidarlos, dejar señales que ellos puedan tomar para orientarse, y como torres de control de aeropuerto, puedan despegar para regresar a buscar nuestra ayuda cuando lo requieran.

Convivir con la diferencia entre lo deseado, proyectado y esperado por nosotros como padres y lo que nuestros hijos realmente son, constituye un gran desafío.

He oído a menudo padres que afirman "si mi hijo llegara a ser homosexual que se olvide que tiene un padre". Afortunadamente estas expresiones son cada vez menos frecuentes. El mundo evoluciona. Que nuestro hijo sea hincha de Huracán y nosotros de San Lorenzo, que decida ser músico en lugar de doctor, constituye para muchos padres profundas heridas. Que cicatricen pronto, por nosotros, por ellos. Pero sobre todo por ellos.

Triangulo para ser buen constructor en la arquitectura de ser padres

Pienso en un primer esquema básico para la construcción del vínculo padres-hijos, aquel conformado por la confianza, el diálogo y el disfrute.

1) Un padre que escucha a su hijo construye en base a la circulación de la palabra, pilar del diálogo.

2) Un hijo que puede preguntar y obtiene respuestas construidas desde el amor aprende a confiar.

3) Con palabra y confianza en juego el disfrute está garantizado.

Si esto circula, tenemos garantizado gran parte del camino de un "núcleo familiar saludable", podremos darnos cuenta y nuestros hijos desde la confianza, la palabra y los gratos recuerdos darnos señales claras cuando equivocamos el rumbo, no los oímos y actuamos desde nuestra necesidad con la convicción que es "lo mejor para ellos".

 

Palabra de padre como trampolín o como puñal

Hay básicamente dos niveles de impacto en las maneras de intervenir de padres con hijos pequeños.

Aquellas que edifican una personalidad sana, fuerte y segura, y aquellas que aportan a construir niños inseguros, retraídos y sufrientes.

Nuestra mirada como padres construye o destruye la personalidad de nuestros hijos, da miedo a veces ver en el consultorio como los efectos de las intervenciones de los padres perduran a través del paso de los años, a pesar de la adultez, a pesar del tiempo que pasa.

Un paciente adulto me cuenta al final de una sesión, casi llegando a la puerta, cuando no tengo tiempo de intervenir: "Mi padre cuando yo era chico me miraba de manera aterradora cada vez que quería opinar sobre algún tema de conversación familiar". Dice esto y rompe a llorar, como un chico que era, como un grande que no pudo reparar.

Hago esperar al paciente que seguía que ya estaba del otro lado del umbral y vuelvo pasos atrás con él al consultorio. Puedo hacerlo, yo como analista, no pudo hacerlo este padre años atrás, lo lamento yo, pero sobre todo este hombre grande que todavía sufre como un chico.

Digo entonces, debemos buscar un equilibrio óptimo a la hora de dejar caer nuestra mirada sobre los pequeños. Ni ser padres aduladores en extremo (no todo lo que hacen nuestros hijos es maravilloso), ni padres cejas levantadas e inconformistas crónicos en donde todo es poco y nada alcanza, y nuestros pequeños sufren y padecen nuestra reprobación, o al menos así lo sienten.

 

Si quiere un campeón en la familia entrénese y deje a su hijo disfrutar tranquilo

Hace un tiempo circuló por internet un cartelito con esa leyenda. Me recordó cuando mi hijo menor comenzó a concurrir a una escuelita de fútbol con apenas 4 años. En la primera muestra de fin de año, a mi lado, una madre que le daba indicaciones con sorprendente vehemencia a su pequeño "¡Marcá...corré...fíjate que te la sacan...!". Hasta que colmó y traspasó todos los límites de la prudencia, sensatez y cordura, y le gritó, en un momento que un compañerito de rulos corría solo para el arco que defendía su hijo: "¡Quebrálo!".

En ese preciso instante terminó la experiencia de mi hijo en esa escuela, por fortuna dimos con una donde el entrenador tenía el suficiente manejo de chicos y padres como para amortizar este tipo de excesos.

Esta obsesión en que los hijos sean aquello que quisimos y no pudimos es uno de los grandes temas en los tratamientos con familias.

Los boicots involuntarios de los proyectos de los hijos, muchas veces son resultado de la propia exigencia de los padres, otras de las frustraciones que no han podido ser resueltas y siguen haciendo ruido. ("No te embarques en ese proyecto, ¿quién sabe si resultará?"/"Mmmm, ese muchacho no es para vos, es un buen chico pero..."/"¿Una banda de música? ¿Pensás que podrás llegar muy lejos con ese tachín tachín?")

Flexibilidad, plasticidad y capacidad de adaptación son aspectos claves a la hora de acompañar el crecimiento de los hijos.

 

Caja de herramientas:

-Escuchemos a nuestros hijos cuando necesitan de nosotros, la mirada firme y amorosa de los padres construye raíces solidas en los niños.

-Ayudemos a que construyan con su propio cuerpo un vínculo de cuidado y amor responsable, sembraremos en ellos para su futuro.

-Enseñémosles a decir "NO" cuando así lo deseen, es un capital enorme para una autoestima sólida.

-Que desde pequeños tengan herramientas para elegir, para equivocarse sin sentir que el mundo se derrumba, y volver a empezar.

-Soportemos la diferencia entre lo que nos dicen y lo que quisiéramos escuchar si es que esto no representa un riesgo cierto para ellos.

En definitiva: será futbolista, será bailarina, será doctor, hombre de la bolsa, trompetista, artesano de la vida, será cantante. Será feliz...¡acompañarlos es la tarea!

 

FUENTE: http://www.clarin.com/buena-vida/psico/Quebralo-formas-traumar-hijo_0_1529847321.html